Carta del director

Hace tan solo unas semanas me quedaba petrificado cuando Eugenio Plaza, gerente del Cine Palafox desde hace más de 30 años, me comentaba que a finales de febrero se echaría el cierre al local. A lo largo de los años he ido presenciando la extinción de algunas de las salas más emblemáticas de la zona, como el Cine Luchana, o los Roxy, pero nunca antes había tenido tanta sensación de pérdida como en este caso.

Y es que en abril de 2016 el Cine Palafox me dio la oportunidad de disfrutar de su gloriosa sala 1, la última gran sala de Chamberí con más de 800 localidades, ya no solo como espectador sino como programador de mis propios eventos. Para un amante empedernido del cine no hay nada más bonito y reconfortante que poder llenar la pantalla de una sala tan emblemática con las películas que a uno le entusiasman, y poder compartirlas con muchos otros amantes del cine que siempre responden con un caluroso aplauso al final de la última escena. Sin duda estaba en deuda con el Palafox.

A los pocos días solicité una reunión con Juan Ramón Gómez Fabra, propietario y director del cine. No tenía todavía el gusto de conocerle en persona, pero diré que acongoja bastante saber que vas de camino a presentar una propuesta ante la cabeza más visible de la exhibición cinematográfica de este país, ante el mismísimo Presidente de FECE, la Federación de Cines de España. Me sentí como si estuviese entrando al despacho de Don Corleone el día de la boda de su hija. No tenía muy claro si me iba a dar su bendición o si me iba a despedir tal cual me había recibido.

La propuesta que llevaba debajo del brazo no era precisamente ligera pero resultó ser ilusionante. Acababa de recibir la bendición del padrino para devolver a la espectacular pantalla del Palafox, durante su última semana de apertura al público, grandes obras maestras de la Historia del Cine, muchas de las cuales fueron en su día estrenadas con enorme éxito en el Cine Palafox. Abandoné la oficina eufórico pero no tardó en regresar el sentimiento de nostalgia. Acababa de salir del despacho de uno de los grandes hombres del cine de este país, de unas oficinas situadas en el mismo edificio que el cine, con el que había estado animosamente hablando sobre la historia del Palafox, sus grandes éxitos (de esos que duraban meses en cartel con colas que daban la vuelta al edificio) y echábamos un vistazo a los estrenos que había programado para las próximas semanas. Te das cuenta de que un día hubo personas (y no multinacionales) que tenían sus cines, se conocían a sus empleados, les podías ver a menudo por la sala, y no programaban con métricas, sino con instinto y corazón. Personas como Juan Ramón, que cuando les dices que quieres rendir un tributo a su cine, a lo que todo ello representa, te dice ‘’la verdad es que pensaba terminar con una despedida íntima para amigos y familiares, pero vale, me apetece’’. Quiero pensar que pudo ver en mis ojos la ilusión que hubo y sigue habiendo en los suyos. Lo que está claro es que alguien que de verdad ama el cine no puede decir que no a un último baile con Cantando bajo la lluvia, Con faldas y a lo loco, Belle Epoque, 2001: una odisea del espacio, Memorias de África, El Padrino, Lawrence de Arabia, Pulp Fiction, E.T., En busca del arca perdida, Blade Runner, La Princesa Prometida, Cinema Paradiso y Casablanca.

Esto es la grandeza del cine: son la emociones, la ilusiones y los sueños, ya sean los tuyos propios o los que te contagian los personajes que viven en la pantalla durante dos horas. Juan Ramón nos ha hecho un último regalo a todos los apasionados del cine de Madrid, y es permitirnos tener un recuerdo imborrable de lo que una vez fue el cine y que ya nunca volverá, al menos, entre las paredes del Cine Palafox. El futuro del cine es una historia que, aunque él la seguirá escribiendo, nos corresponde a los jóvenes tomar el relevo y decidir qué queremos hacer con ella, porque es demasiado bonita como para deshumanizarla. Los cines necesitan reinventarse para volver a enamorar, y no creo que esa reinvención pase únicamente por innovadoras dotaciones tecnológicas o de confort en las salas. Los cines necesitan personas, necesitan pasión, necesitan creatividad en la programación, necesitan generar experiencias, eventos y emociones que trasciendan la pantalla, necesitan crear comunidad, necesitan estrechar vínculos de afecto con todos aquellos que siguen confiando en ellos y, lo más complicado pero vital, necesitan tratar de seducir a las nuevas generaciones.

Tenemos una gran cruzada ante nosotros pero, entre tanto, disfrutemos del momento. Por ello, os animo a todos los amantes del séptimo arte en Madrid a celebrar juntos este sentido tributo a la gran historia del Cine Palafox y a convertir la semana del 20 al 27 de febrero en uno de los acontecimientos más recordados en la memoria cinematográfica de nuestra ciudad. Larga vida al cine, y AU REVOIR, PALAFOX.

 

Jesús Mateos de la Varga

Fundador y Director de Sunset Cinema